El movimiento asociativo español en Suecia nació hace más de 45 años y llegó a convertirse en referente entre los inmigrantes residentes en el país nórdico. “Nos hemos integrado en la sociedad sin renunciar a nuestros principios”, dice Francisco Rodríguez Vita, consejero de la Ciudadanía Española en el Exterior. Este granadino, llegado al país en 1976, es hoy uno de los representantes más prominentes de las entidades en Suecia, titular de la FAES y secretario general de la CEAEE.
Cuando Francisco Rodríguez Vita llegó a Suecia en 1976, el movimiento asociativo español en el país ya estaba consolidado. Las primeras entidades se habían creado a principios de los años 60, coincidiendo con la más fuerte ola migratoria procedente de España recibida por el país escandinavo en toda su historia. Entre 1961 y 1967 llegaron torneros, fresadores y otros tantos trabajadores de todo tipo de oficios que la industria sueca necesitaba.
Los españoles llegaban con su contrato de trabajo y no tardaron en integrarse plenamente en la sociedad sueca, hecho que les valió convertirse en referente en la comunidad inmigrante en el país del norte, como destaca RodríguezVita. La situación general era muy diferente a la que vivieron las personas que conformaron la primera llegada de españoles al país, a principios de los años 50, quienes lo hicieron gracias a la ayuda de las Naciones Unidas y de la Cruz Roja Internacional. Eran exiliados políticos que huían de la represión de la dictadura franquista.
Fuera de un pequeño número de españoles arribado a mediados de los años 70, no se volvió a registrar una oleada tan importante como la que empezó en 1961 y que conformó el presencia ibérica en Suecia, concentrada especialmente en la capital y en las ciudades más industriales del país. Madrileños, castellanos y leoneses y andaluces fueron los principales componentes de esa presencia, y fueron también quienes fundaron los primeros centros, nacidos para cultivar el afecto por la propia lengua y la cultura; en definitiva, por las raíces.
Sólo nutrida en los años siguientes por la ‘emigración del corazón’ y por muchos jóvenes que llegan por motivos de formación e investigación, la colonia española en Suecia está conformada actualmente por unas 7.800 personas, según Rodríguez Vita. En tanto, los datos del Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) a 1 de junio de 2009, tiene registrados a 3.844 españoles.
La mayoría de los emigrantes proviene de seis Comunidades Autónomas: Comunidad de Madrid (980 inscritos), Andalucía (535), Cataluña (499), Canarias (451), Castilla y León (273) y Comunidad Valenciana (260). Juntos, conforman el 78 por ciento de la emigración española en Suecia.
De acuerdo con el relato de Rodríguez Vita, las entidades precursoras del movimiento asociativo español en el país escandinavo fueron el Club de los Cronopios y el Centro Hispania. El primero -de tendencia de izquierdas- se constituyó oficialmente en 1962, aunque ya funcionaba desde tres años antes, mientras que el segundo lo hizo en 1963.
También estaba el Comité Antifascista, que funcionaba desde el año 1962, y del cual era miembro el primer ministro de Suecia, Olof Palme. Fueron los miembros del Club de los Cronopios los que fundaron el movimiento antifascista y antifranquista que se extendió por toda Escandinavia. Muchos de los brigadistas que lucharon en la Guerra Civil española eran socios de honor del Cronopios.
Tras los primeros pasos, el movimiento asociativo español se fue extendiendo. Así, entre muchos otros, aparecieron la Casa Salmantina; la Casa de España; la Asociación de Padres de Alumnos de la Escuela Española, que se extinguió en el año 1986; y el Centro Español de Estocolmo, que aún existe, y en cuya creación se fundieron el Centro Hispania y el Centro Ibérico (nacido en 1969 y dedicado básicamente a la práctica del fútbol). Muestra del cambio de época y de tendencia migratoria, en el año 1984 se fundó el Centro Cultural Guanche, de la colonia canaria.
Pero en los tiempos del boom migratorio, además de las entidades surgidas en Estocolmo, aparecieron otras en ciudades como Gotemburgo y Upsala, otrora centros de atracción para los trabajadores españoles.
Así, cuando en 1976 y con el objetivo de coordinar acciones ante la Administración sueca y la española, y unificar el movimiento, se creó la Federación de Asociaciones Españolas en Suecia (FAES), en el país existían 18 asociaciones de españoles y todas pasaron a formar parte de ella.
La FAES buscaba principalmente unir a los españoles en sus objetivos comunes. “Queríamos tener espacios donde desarrollar nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras raíces. Además, era muy importante conseguir locales donde realizar nuestras actividades”. De hecho, en sus inicios, la FAES no tenía una sede propia, sino que alquilaba una oficina en el Club de los Cronopios.
En este sentido, el presidente de la FAES resalta que “España ha sido muy parca. En cambio, Suecia ha sido la que nos ha subvencionado hasta ahora el 99,99 por ciento de nuestras necesidades. Gracias a la Administración provincial y estatal, pudimos poner en marcha una serie de proyectos”.
Y un importante cambio llegó en el año 1977, cuando el Ministerio de Inmigración de Suecia lanzó una convocatoria de subvenciones a las que sólo podían acceder las federaciones. Las ayudas obtenidas por la FAES se repartieron entonces entre los centros españoles, y en actividades relacionadas con la danza, el teatro, los coros… “Las ayudas se usaban para que la colonia española se sintiera un poquito más cerca de España. Esa ha sido la función de FAES”, resalta Rodríguez.
Cabe destacar que la Federación tiene en su haber el orgullo de haber sido cofundadora -junto entidades de inmigrantes turcos e italianos, a los que luego se unieron los griegos- de la SIOS, la organización de migrantes más grande en toda Escandinavia, compuesta por 16 federaciones y con más de 400.000 socios originarios de tres continentes. En el próximo congreso de la SIOS, además, se unirán cuatro nuevas federaciones. La FAES también fue fundadora de la Coordinadora Europea de Asociaciones de Emigrantes Españoles (CEAEE), de la cual Francisco Rodríguez Vita es secretario general, y en representación de la cual es consejero de la emigración.
Además, la FAES ha participado en tres consejos consultivos de Estado, relacionados con la justicia, la integración y otros temas sociales. “Muchas leyes han pasado por nosotros antes de votarse en el Parlamento sueco”.
“Hay que resaltar que la colonia española en Suecia es antigua, tiene más de 45 años, un tiempo en el que hemos luchado tanto por la emigración española en Suecia como en Europa. Hoy en día, la juventud está tomando conciencia de que es muy importante que nuestras raíces nunca desaparezcan. Ahora, esperamos que la Administración española reconozca nuestro empeño en que nuestros nietos se sientan orgullosos de ser españoles, y que siga por el camino que ha empezado a recorrer”, concluyó Rodríguez Vita.
La “emigración del corazón”, un fenómeno que continúa
Aunque las principales oleadas migratoria con origen en España y con destino Suecia se produjeron en las décadas de los años 60 y 70, en números muy pequeños siguieron llegando españoles. La más constante -aunque posiblemente la más dispersa- quizás sea la “emigración del corazón”, como le llama Francisco Rodríguez Vita, y está protagonizada por “personas que han conocido a turistas suecos o suecas en España y se han venido para aquí”.
Según Rodríguez Vita, esta emigración no llega en números superiores a más de 15 ó 20 personas al año y pasan por la experiencia de una forma particular: “Ellos se integran de otra manera y se establecen en otros lugares. No van a las ciudades donde está la industria, sino a donde viven sus parejas. Se quedan en pueblos donde posiblemente no hay otros españoles, sin la posibilidad de entrar en una asociación. De todos modos, cuando hacemos nuestros congresos también los invitamos, como lo hacemos con todos los españoles”.
Uno de los resultados de este fenómeno es que, con 451 personas inscritas en el CERA, casi el 12 por ciento de la emigración española en Suecia proviene de las Islas Canarias, uno de los principales destinos del turismo sueco en España.
Atraídos por la oferta de formación y la investigación
En los últimos años, la llegada de españoles a Suecia proviene fundamentalmente de ámbitos relacionados con la formación y la investigación, y cuyas edades oscilan entre los 22 y los 32 años. “Hoy muchos llegan por estudios, con becas Erasmus, a hacer másteres o investigaciones. En general, se quedan tres o cuatro años, con un máximo de seis. Desde la Federación, estamos intentando que ellos también se introduzcan, aunque en general se quedan al margen de las asociaciones”, explica Francisco Rodríguez Vita.
En referencia a los nuevos emigrantes, el secretario de la Coordinadora explica que “ahora hay otra idiosincrasia”. Aunque, por ejemplo, la gente que llega acompañada de su familia sí quiere que sus hijos no pierdan contacto con la cultura española y está interesada en que interactúen con otros niños, ya no es como antes, “es diferente porque ahora pueden conectar la televisión y ver todos los canales de España”.
Con todo, la Federación ha elaborado proyectos para atraer la atención de los más jóvenes. Ellos, asegura Rodríguez, “son lo más importante que tenemos. Ellos son el futuro”.